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Al afeitado se le atribuye el mito de que genera la aparición de más vello. Sin embargo ya en 1.928 diferentes estudios comprobaron que tal acción no afecta al crecimiento del pelo. La antropóloga forense Mildred Trotter demostró que el afeitado no producía ningún efecto en el color del cabello, ni tampoco en su incremento, como recoge el periodista Joseph Castro en la web de LiveScience.
En la actualidad la conclusión de las investigaciones no han cambiado. Según un análisis publicado en Journal of Investigative Dermatology, especialistas en dermatología determinan que “no existen diferencias significativas en el peso total de cabello, medida su producción en un área determinada, tampoco en la anchura ni en la velocidad de crecimiento de los pelos individuales” cuando es rasurado.
Nuestros brazos, piernas, rostro u otras áreas del cuerpo pueden lucir suaves y sin rastro de vello, si así lo deseamos, atendiendo a unas pautas y recomendaciones muy sencillas.