"Descubre la única cosmética ecológica española con toda su gama certificada 100% bio, por la prestigiosa Organic Soil Association, y con el aceite de oliva como principal protagonista"
Conocía la slow life. También me suena la raw food. O la slow food, ya no sé. Tantos conceptos que me encantaría aplicar a mi vida.

Pero mi incursión en ese universo nunca ha ido más allá de una curiosidad teórica.
Por ejemplo, hace poco le regalé a una amiga un libro de cocina crudivegana. Era muy bueno, y de una autora muy valorada. Habitualmente cuando regalo un libro de cocina (otra de mis grandes aficiones) siempre “pico” alguna receta, o directamente me lo acabo comprando para mí también, después de hojearlo con ella.
Pero en este caso, sinceramente, aunque me ha encantado el concepto, dudo mucho que lo vaya a poner en práctica. Demasiados cambios de hábitos para que los pueda integrar en mi vida diaria.
En cambio en la cosmética, el concepto “slow” es un regalo que viene “envasado”.
No tienes que hacer nada. No tienes que comprarte una licuadora, una batidora, un germinador, una deshidratadora (¡no exagero!)… Nada. Ni siquiera tendrás que cambiar el espejo del cuarto de baño.